Su vida

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Primer Obispo de Osorno (1956 - 1982)

El 16 de septiembre de 1956, fue consagrado primer obispo de Osorno. Su lema episcopal fue Quia amo te – [Sabes que te amo]. Desde el primer momento, sintió que había sido llamado a dar nueva vida a la iglesia diocesana de Osorno y que era necesario entregarle a diario, sin darse tregua, todas sus energías.

A su llegada, encontró un ambiente muy poco religioso. Los escasos sacerdotes que había en su mayoría eran extranjeros, ancianos y no daban abasto. “Las miserias de Osorno sobrepasan lo que yo habría creído: los pobres hambrientos, sin techo y en harapos, me asaltan todo el día”, escribiría a su madre.

 

El padre Jaime Correa S. J. –juez delegado de su Causa de Beatificación–, describió el Osorno de entonces como una región donde los huilliches vivían en completa miseria y marginación, replegados especialmente en la zona de la costa, y los trabajadores agrícolas habían debido abandonar el campo, trasladándose a la periferia de la ciudad, donde vivían en gran pobreza. Compadecido de la situación, el nuevo obispo recorrió su diócesis innumerables veces, sin dejar un rincón sin visitar, a pie, a caballo o en su modesta camioneta.

Finalmente, su paciencia, su dulzura, su fe inquebrantable y su trabajo sin medida, “motor para movilizar”, se impusieron…

Cuando celebró 25 años de episcopado, monseñor Francisco Valdés había ordenado veinte sacerdotes, creado ocho parroquias e incorporado a la diócesis diez comunidades religiosas: la Compañía de Jesús, los Hermanos Penitentes de San Francisco, las Hermanas de Santa Marta, las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa, las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús de Purulón, las Hermanas de la Asunción, las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, las Hermanas de la Preciosa Sangre y las Carmelitas Descalzas. Incorporó también el movimiento de los Focolares, tan importante para el desarrollo del laicado católico, primero en Osorno y más tarde en Chile.

En los medios de comunicación social y educación rural, inauguró la radio La Voz de la Costa, fundada por capuchinos holandeses, para educar a la gente de esa vasta zona.

En el culto y las artes, levantó la hermosa catedral de Osorno. Fomentó también la incorporación de la música sagrada en su diócesis. Y, como era profundo conocedor de la liturgia y poseía gran cultura y preparación musical, el episcopado lo nombró presidente de la Comisión de Música Sagrada del Episcopado Nacional.