CARTA A SU HERMANA MARGARITA RELATIVA A

Su obra

Obra por la paz: la mediación papal en el conflicto austral entre Chile y Argentina

 

En 1978 las relaciones diplomáticas con Argentina se habían agravado considerablemente y la guerra era inminente. El conflicto del Beagle se había suscitado en torno a la soberanía de varias islas e islotes al sur del Canal Beagle y espacios marítimos adyacentes de una estratégica zona ubicada entre los océanos Atlántico y Pacífico.

A raíz de los problemas de los más de trescientos mil inmigrantes chilenos, monseñor Valdés debía viajar seguido a la nación transandina y pudo observar el clima de persecución a que se los estaba sometiendo, las deportaciones masivas, la movilización de tropas en la frontera, y todos los signos de una guerra inminente.

Muy inquieto, en junio de 1978, escribió una carta al presidente de Chile, señalando la situación y advirtiéndole que existía un camino para alcanzar la paz, que era solicitar la mediación papal. Le indicaba que Pablo VI estaba muy preocupado por la paz mundial y había ofrecido los servicios de la Santa Sede para ayudar a solucionar conflictos entre naciones, siempre que ambos países lo pidieran de mutuo acuerdo, lo que aceptó el mandatario.

El 25 de octubre de ese año, envió una nueva carta a los presidentes de Chile y de Argentina en la que sostiene que …por pequeñeces inexplicables, dos pueblos hermanos se hallan a un paso de una hecatombe fratricida. Asignaba la responsabilidad de lograr la paz a los mandatarios, pues ambos pueblos quieren la paz y abominaban la guerra. […] Ninguna gloria será mayor para ambos presidentes que mostrar ante el mundo, ansioso por aprender, cómo se superan los conflictos, cómo se prepara con sabiduría el mañana de las naciones. 

Expresaba luego: La solución está en las manos de los jefes máximos, de ambos presidentes: unirse y unir el destino de ambos pueblos convocando solemnemente el arbitraje del Santo Padre Juan Pablo II, Vicario de Cristo. Afianzar de esta manera la paz es poner a salvo el glorioso patrimonio común que nos legaron los Padres de la Patria.

La carta concluía: Señores presidentes, la historia, la voz de Dios, demostrará si los gobernantes están a la altura de su misión de conducir a sus pueblos hacia el verdadero progreso, acogiendo sus anhelos de paz, su hambre de tranquilidad y de amor. Que Dios ilumine a Vuestras Excelencias.

Monseñor Valdés visitó luego el Palacio de la Moneda, donde informó de estas cartas al canciller chileno, encareciéndole su cuidado y asegurándole que era la única esperanza que quedaba. Se abrazaron en la puerta del Palacio ante el estupor de los reporteros presentes, quienes esparcieron la noticia de que un capuchino milagroso, tal vez un santo, había pasado por la Moneda.

Por fin, en diciembre de 1978, ambos gobiernos resolvieron someter a arbitraje el diferendo que mantenían sobre la soberanía del archipiélago del Beagle, con el resultado de la paz.

Años más tarde, en 1982, cuando agonizaba en el hospital de Pucón, monseñor Francisco Valdés le pidió a su hermana Margarita que escribiera a Roma al cardenal Baggio, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, las siguientes palabras en respuesta a un cable suyo: 

 

Conmovido fraternal afecto agradecería pedir bendición apostólica y ofrecer al Santo Padre sufrimientos por la paz y el éxito de la mediación. 

+ Valdés obispo 


 

Lo quedé mirando un largo rato –recordaría su hermana–, y por fin me atreví a preguntarle: 

- ¿Tú ofreciste tu vida por la paz y el éxito de la mediación? 

Él me dijo gravemente: 

- Sí, me compensa. He estado tan metido en esto...

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